Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Les deseo paz y bienestar en estos días más cortos y con temperaturas otoñales más frescas. ¡Ruego a Dios que los colme de bendiciones y les agradezco su testimonio y activa vivencia de nuestra fe católica en la Iglesia de San Bernardino!
Iniciamos el tiempo de Adviento en nuestra Iglesia. Quiero aprovechar este momento para compartir algunas reflexiones sobre el Adviento, pues, si no prestamos atención, podríamos perdernos su verdadero significado e importancia. El Adviento coincide con las «fiestas decembrinas», el Día de Acción de Gracias y el tiempo de Navidad secular. Estos son momentos de verdadera alegría y celebración, pues esperamos con ilusión convivir con nuestra familia y seres queridos, disfrutar juntos de deliciosos platillos e intercambiar regalos.
Sin embargo, antes de disfrutar de este júbilo, los católicos estamos llamados a prepararnos y a reflexionar sobre la venida de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Su encarnación es, en realidad, el motivo de toda la festividad que sigue. Las lecturas de Adviento nos ayudan a entender la profecía de la venida de Jesús y a saber cómo responder a esta revelación. De hecho, el llamado no es solo a meditar sobre Jesús durante el Adviento, sino a imitar su vida y ministerio con nuestros hechos, y un aspecto fundamental es su atención y ministerio para con los pobres.
Juan el Bautista es una figura clave en la «preparación del camino» del Señor. Antes de que Jesús comenzara su ministerio y nos mostrara, con sus numerosas obras y palabras, el amor especial y el cuidado solícito de Dios por los pobres, su primo enseñó algo similar: «El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene, y el que tenga comida compártala con el que no la tiene» (Lucas 3, 11).
En estos momentos, en nuestras propias comunidades, vemos a muchos hermanos y hermanas que sufren hambre debido al continuo aumento en los precios de los alimentos y al riesgo que corren los subsidios federales de asistencia alimenticia para los pobres (SNAP). Nuestros bancos parroquiales de alimentos atienden cada vez a más y más rostros desesperados. Nuestra diócesis inició un nuevo esfuerzo de colaboración con Caridades Católicas para suministrar a las parroquias miles de cajas de alimentos para familias necesitadas. Esta misión nos concierne a todos, pues nuestro bautismo nos llama a dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, cuidar al enfermo y hospedar al forastero (Mateo 25).
El primer gran escrito del Papa León, la exhortación apostólica Dilexi Te, nos invita a retomar la rica tradición de nuestra Iglesia como defensora de los pobres y marginados. En ella señala: «La condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia. En el rostro herido de los pobres encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo».
En este Adviento, respondamos al «reto» que el Santo Padre planteó en Dilexi Te. Apoyen el banco de alimentos de su parroquia o, si no lo hay, consideren participar en un nuevo ministerio para establecerlo. Los invito también a que contribuyan a organizaciones como Caridades Católicas de los condados de San Bernardino y Riverside, que trabajan incansablemente para alimentar a quienes padecen hambre en nuestros vecindarios. Y si les es posible, dediquen algo de su tiempo a servir como voluntarios en algún ministerio de beneficencia social como una forma de observar el Adviento.
Cuando ofrecemos el trabajo de nuestras manos, nuestra abundancia y cariñosa presencia a quienes más lo necesitan, realmente encontraremos en ellos al Cristo vivo.
Les imparto mi bendición y ofrezco mis oraciones para que ustedes y su familia tenga un tiempo de Adviento sagrado y lleno de reverencia.