Esta es Nuestra Fe

Recientemente, en uno de mis viajes, mientras hojeaba la revista de la compañía aérea note que la portada hablaba sobre el significado de la luz. Dentro de la revista encontré un artículo de un astronauta que describe cómo el amanecer y la puesta del sol se ven desde la estación espacial. Ella describe: 

 “Imagínese la noche orbital: usted está mirando hacia fuera a través de la ventana, hacia un mundo oscuro, a una zona despoblada como el océano, que es la mayor parte del planeta, un vacío sin luces, ni estrellas; un agujero en el espacio. De repente ves una línea de plata clara, es la atmósfera delgada de la Tierra, seguida por el horizonte que cambia rápidamente de la tonalidad de la plata al azul, al coral naranja, al amarillo, al rojo anaranjado ardiente. Al mismo tiempo, se puede ver la estación espacial brillando con los colores reflejados como en una tostadora. Y después una gran bola de oro emerge, pintando el planeta negro con tonos blancos, verde y el azul más intenso que he visto. Para el momento en que te das cuenta, te gustaría que hubiera una manera de congelar el tiempo. Noventa minutos después todo se regresa. La terminación de línea se arrastra hacia atrás, tragando la tierra y todo su color, el orbe brillante desaparece, dejando una vez más, todo en el abismo. Ahora, cuando veo cada amanecer o puesta de sol en la tierra, siento una gran nostalgia. Pero también me consuela saber que siempre hay algo más hermoso que podemos ver. Me da esperanza. 

Por Laura López 

 En Cuaresma experimentamos de manera muy especial el sacrificio máximo que Cristo hizo por nosotros. Lo hizo no porque tenía que hacerlo, sino por el gran Amor que nos tiene. La espiritualidad de dar no nace de un sentido de obligación, culpabilidad o abundancia financiera, sino de un corazón agradecido que reconoce el Amor y Bondad de Dios que ha ofrecido a su Único en sacrificio por nuestra salvación. Thomas Merton dijo, “La persona agradecida sabe por experiencia que Dios es infinitamente Bueno, y eso es lo que hace toda la diferencia”. Por lo tanto, si conocemos y practicamos el valor espiritual de dar, podemos hacer una diferencia en nuestra vida y en la de los demás.

 El Papa Francisco, en referencia a la multiplicación de los panes en el Evangelio de San Juan 6,1-15, dice “respecto a los panes y los peces quisiera agregar un matiz: no se multiplicaron, no, no es verdad. Simplemente los panes no se acabaron, como no se acabó la harina y el aceite de la viuda. No se acabaron. Cuando uno dice multiplicar puede confundirse y creer que hace magia, no, no, no; simplemente es tal la Grandeza de Dios y del amor que puso en nuestros corazones, que si queremos, lo que tenemos no se acaba” (Audiencia General, mayo 16, 2013). La espiritualidad de dar es contagiosa, cuando el niño compartió el pan, otros empezaron a dar lo que traían. Un discípulo corresponsable da el primer paso, y al hacerlo, es ejemplo para otros. ¿Nunca has pensado que si pones a Dios como prioridad, todo lo que tienes y compartes nunca se acabará, sino que se multiplicará?

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