Saludos. Yo tengo 32 sobrinos y todos viven en el área del Sur de California en Los Ángeles. Uno de ellos se mudó hace dos años a Ohio. Se mudó 2100 millas, dejó a sus padres, sus hermanos, y sus amigos. Él tiene cinco hijos, cuatro niños y una niña. La empresa por la que trabaja le prometió un mejor sueldo si se mudaba. Y vino a hablar conmigo sobre este cambio.
Él me dijo “tengo cinco hijos, ya he pagado los estudios universitarios de dos, pero me faltan tres más. Así es que creo que lo mejor sería que me mudara. Pero voy a dejar a mis padres y a mi familia.” Y lo pensó y decidió que por el bien de su familia se tenía que mudar.


Vuelve a California siempre que puede. Dice que allá las cosas son diferentes. No existe una diversidad como la que tenemos aquí. Todos son blancos. Dice que allá las personas viven sus vidas de manera muy privada. No se reúne mucho la gente como él estaba acostumbrado, y hasta su acento es diferente, es el acento del medio-oeste. Así es que se mudó a otra cultura, a menos diversidad. Y dejó a su familia extendida. Pero eso fue en su propio país. ¿Si es difícil para él, cuanto más lo es para personas que vienen de otros países y dejan a su familia, su idioma, su cultura y se vienen a vivir en algo completamente diferente?


Hoy nos enfocamos en los migrantes y los refugiados. Pensamos en aquellos que se mueven alrededor del mundo, no solo aquí.


Porque hay una circunstancia en el mundo de hoy que muchos tienen que dejar sus países de origen para sobrevivir. En todo el mundo no solo aquí en la frontera nuestra. El lema de esta Misa del Migrante es “libre de escoger entre migrar o quedarse.”


Porque el primer principio de la migración que enseña la Iglesia es que todos tenemos un derecho de encontrar donde estamos todo lo que es necesario para nuestra vida. Pero sabemos que eso no es la realidad.


Así es que hay unos que vienen de sus países por una educación, vienen por un trabajo, vienen porque los han invitado o vienen nada más porque quieren venir. Una aventura. Pero la mayoría que viene es porque hay cosas en sus países que les están prohibiendo vivir una vida digna.


Salen de sus países porque hay tanta violencia, salen porque hay pobreza, salen porque hay injusticia, salen porque no hay libertad y se sienten obligados y hay una desesperación en muchos que tienen que salir de sus pueblos.


Las personas que salieron de Ucrania no salieron porque buscaban mejor trabajo, su país fue invadido. Las personas que se quieren salir del Norte de Corea y no se les está permitiendo migrar es por la opresión y la pobreza en Corea del Norte. Las personas que están saliendo de Nigeria, Níger, Burkina Faso, el Oeste de África, es por las guerras y la persecución. Todas las personas que salieron de Myanmar fueron forzadas a salirse por su religión y por su raza. Esto está ocurriendo en todos lados y ha estado pasando por siglos.


Nuestro país ha tenido una historia de recibir a las personas porque buscan un trabajo mejor, o una educación o porque están escapando la persecución. Los puritanos que vinieron estaban escapando la persecución, los italianos y europeos estaban escapándose de la pobreza. Los irlandeses estaban escapándose de la hambruna. Las personas venían porque estaban buscando una vida buena para ellos y para sus hijos. Pero a veces las políticas de migración en nuestro país rechazaban a personas de ciertos países. A las personas de Asia no se las daba la bienvenida, solo se les invitaba a los chinos, los japoneses y a los filipinos para trabajar y luego se regresaban. Tenías mejor oportunidad de migrar a este país si eras blanco y si eras protestante. Esta ha sido la historia de nuestro país. Pero las cosas han cambiado y se les ha dado la bienvenida a más países.


Pero alrededor del mundo, la realidad es una de desesperación, de que las personas se tienen que mudar con sus hijos y enfrentar condiciones difíciles. Como los vietnamitas que vinieron en sus barcas y las personas que vienen por las Américas, los chinos, los haitianos que entran a Panamá y pasan por las junglas y enfrentan las gangas violentas. Todo lo que ellos buscan es encontrar un lugar mejor para sus familias, ¿quién de nosotros no haría lo mismo?


Así es que mis hermanos, este país es un país de migrantes, pero muchos de nosotros nos olvidamos de esto. A veces queremos a los inmigrantes para hacer una obra o un trabajo y no los aceptamos como hermanos. Muchas veces estamos listos para pedir por los refugiados en todo el mundo, pero que no vengan a este país, que no vengan a mi barrio porque no los entiendo. No sé lo que comen, parece algo malo y empezamos a criticar. Y aún algunos de nosotros que somos migrantes aquí ya por muchos años, no queremos que vengan los nuevos.
¿Qué ha pasado con nuestros corazones? ¿Por qué nuestro corazón no es el corazón de Cristo? Que les da la bienvenida a todos. Como hermano y hermana. Y por eso es muy importante esta Misa del Migrante, no solo por las vestimentas tradicionales y por las diferentes clases de música, pero porque todos somos hermanos y hermanas, somos una familia.
Abramos nuestros corazones a nuestros hermanos y hermanas que llegan a este país hoy. Trabajemos para apreciarlos, darles la bienvenida, entenderlos y conocer sus historias. Que me conmueva ver a tantas personas que se lastiman por el camino que vienen, pierden sus vidas o las vidas de sus hijos. ¿Quiénes de nosotros nos preocupamos por ellos? ¿Quiénes de nosotros hemos llorado con ellos, que son nuestros hermanos?


Esta celebración es para renovar en nosotros un compromiso a caminar con nuestros hermanos migrantes, a pedir por ellos, a luchar por ellos en la manera que podamos. Esto no solo es una fiesta de culturas, es una fiesta de cristianos comprometidos al Evangelio de Jesús con un corazón lleno de compasión y de amor por el prójimo.


También reconocemos a aquellos que nos han dado la bienvenida a esta tierra, los pueblos originarios de estas tierras. Aquí tenemos a los Maya y los purépecha, que son nativos a esta tierra y a veces se les trata como si fueran extranjeros, como si fueran refugiados y ellos son pueblos de esta tierra.


Así que les felicito por estar aquí con nosotros y oremos el uno por el otro y celebremos a Dios que nos llama a todos Sus hijos y a Nuestra Señora que camina con todos nosotros en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.