VATICANO—El Papa Francisco celebró esta tarde en Roma una emotiva vigilia en la que dio respuesta a algunos interrogantes sobre la angustia y el desconsuelo del hombre y aseguró que “la oración es la verdadera medicina para nuestro sufrimiento”.  

    La ceremonia tuvo lugar en la Basílica de San Pedro, en la Solemnidad de la Ascensión del Señor, para orar por todos los que tienen necesidad de consuelo. Comenzó con tres testimonios que se alternaron con lecturas bíblicas y con el encendido en cada ocasión de una vela ante el relicario de la Virgen de las lágrimas de Siracusa, expuesta para esta ocasión.  

      En el discurso que pronunció, el Papa señaló que “al lado de cada cruz siempre está la Madre de Jesús. Con su manto, ella enjuga nuestras lágrimas. Con su mano nos ayuda a levantarnos y nos acompaña en el camino de la esperanza”.  Francisco aseguró que la Palabra de Dios ilumina el sufrimiento del hombre y pidió que el Espíritu Santo “ilumine nuestras mentes, para que podamos encontrar palabras adecuadas que den consuelo; que él abra nuestros corazones para que podamos tener la certeza de que Dios está presente y no nos abandona en las pruebas”.

 “El Señor Jesús prometió a sus discípulos que nunca los dejaría solos: que estaría cerca de ellos en cualquier momento de la vida mediante el envío del Espíritu Paráclito, el cual los habría ayudado, sostenido y consolado”, recordó.  El Pontífice mencionó algunas situaciones de sufrimiento comunes como “en los momentos de tristeza, en el sufrimiento de la enfermedad, en la angustia de la persecución y en el dolor por la muerte de un ser querido”.  En estos casos, “experimentamos lo que significa estar desorientados, confundidos, golpeados en lo más íntimo, como nunca nos hubiéramos imaginado. Miramos a nuestro alrededor con ojos vacilantes, buscando encontrar a alguien que pueda realmente entender nuestro dolor”.  

    “Vemos cuánta tristeza hay en muchos de los rostros que encontramos. Cuántas lágrimas se derraman a cada momento en el mundo; cada una distinta de las otras; y juntas forman como un océano de desolación, que implora piedad, compasión, consuelo”.  

     El Papa dijo que “las más amargas son las provocadas por la maldad humana: las lágrimas de aquel a quien le han arrebatado violentamente a un ser querido; lágrimas de abuelos, de madres y padres, de niños... Hay ojos que a menudo se quedan mirando fijos la puesta del sol y que apenas consiguen ver el alba de un nuevo día”.  Ante esta realidad, invitó a “invocar el consuelo de Dios, que con su ternura viene a secar las lágrimas de nuestros ojos” y recordó que “también Jesús sabe lo que significa llorar por la pérdida de un ser querido” como hizo cuando murió Lázaro, a quien resucitó después.

  Sobre este pasaje del Evangelio, Francisco explicó que “las lágrimas de Jesús han desconcertado a muchos teólogos a lo largo de los siglos, pero sobre todo han lavado a muchas almas, han aliviado muchas heridas” porque “Jesús también experimentó en su persona el miedo al sufrimiento y a la muerte, la desilusión y el desconsuelo por la traición de Judas y Pedro, el dolor por la muerte de su amigo Lázaro”.  

“El llanto de Jesús es el antídoto contra la indiferencia ante el sufrimiento de mis hermanos. Ese llanto enseña a sentir como propio el dolor de los demás, a hacerme partícipe del sufrimiento y las dificultades de las personas que viven en las situaciones más dolorosas”.

 Y en este sufrimiento, “en el momento del desconcierto, de la conmoción y del llanto, brota en el corazón de Cristo la oración al Padre”, dijo el Papa argentino para subrayar la necesidad de la oración.  “El poder del amor transforma el sufrimiento en la certeza de la victoria de Cristo, y de la nuestra con él, y en la esperanza de que un día estaremos juntos de nuevo y contemplaremos para siempre el rostro de la Santa Trinidad, fuente eterna de la vida y del amor”, dijo al terminar. —ACI/EWTN Noticias

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