Por Mario Martinez  

           Amoris Laetitia “La alegría del amor” (AL), es el documento mas reciente sobre el matrimonio y la vida familiar en La Iglesia. Esta exhortación apostólica es la conclusión de un proceso sinodal de dos años en el cual se reunieron cientos de obispos junto con el Papa Francisco para discutir asuntos relacionados con el matrimonio y la vida familiar del mundo. En ella el Papa Francisco nos recuerda constante y concretamente la belleza de la vida familiar, a pesar de todos los problemas que se enfrentan en ella. El escribe sobre cómo el formar una familia significa ser parte del sueño de Dios, uniéndose a Él en la construcción de un mundo “donde nadie se sienta solo.” (AL)  

        El inicio de esta exhortación presenta la importancia de tener una actitud de acompañamiento. El Papa Francisco, al igual que sus predecesores, reconoce la complejidad del matrimonio y la vida familiar moderna, pero subraya mucho más la necesidad de que La Iglesia y sus ministros estén cerca de las personas, sin importar la situación en que se encuentren o lo alejados que se puedan sentir de La Iglesia. Amoris Laetitia intenta ser un texto conectado a los problemas reales de los matrimonios y familias.  También, esta Exhortación adquiere un sentido especial en el contexto de este Año Jubilar de la Misericordia. En primer lugar, porque se puede entender como una propuesta para las familias cristianas, que las estimule a valorar los dones del matrimonio y de la familia, y a sostener un amor fuerte y lleno de valores como la generosidad, el compromiso, la fidelidad o la paciencia. En segundo lugar, porque procura alentar a todos para que sean signos de misericordia y cercanía allí donde la vida familiar no se realiza perfectamente o no se desarrolla con paz y gozo. “El camino de La Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero” (AL).  El Papa articula su reflexión a partir de la Sagrada Escritura en el primer capítulo, que se desarrolla como una meditación sobre el Salmo 128. Él nos aclara que la Biblia “está poblada de familias, de generaciones, de historias de amor y de crisis familiares” (AL) y a partir de este dato se puede meditar cómo la familia no es un ideal abstracto sino un “trabajo artesanal” (AL). Entonces la Palabra de Dios “no se muestra como un secuencia de tesis abstractas, sino como una compañera de viaje también para las familias que están en crisis o en medio de algún dolor, y les muestra la meta del camino” (AL).  

     Retomemos entonces por un momento el Salmo 128, cual se desarrolla alrededor de un tema que poco se entiende o al que no se le hace caso…el temor de Dios. No se trata de tenerle miedo a Dios o de portarse bien para no ser castigado por Él. El temor de Dios implica el vivir de acuerdo a sus mandamientos y mantenerse siempre dentro de su diseño, porque fuimos hechos a imagen y semejanza suya. Ya que fuimos hechos a su imagen y semejanza, tenemos la capacidad de reflejarlo en nuestro amor, paciencia, perdón, bondad y fidelidad. La persona que depende de sí misma es la que no tiene temor de Dios, por esa razón nos dice el salmista que es bienaventurado el hombre que trabaja, prospera, mantiene una familia y descendencia siempre bajo el temor de Dios.  Los invito a que sigamos reflexionando en esta bella exhortación, cual nos motiva a apreciar, vivir y amar el plan que Dios tiene para nuestro matrimonio y nuestra vida en familia. - Mario Martínez es Coordinador de la Iniciativa Matrimonial de la Oficina para el Ministerio de la Catequesis en la Diócesis de San Bernardino.

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