Reflexiones

“Nadie tiene un amor mayor que éste: que uno dé su vida por sus amigos”.

 El Señor Jesús nos ofrece esta desafiante enseñanza en el Evangelio de Juan que nos llama a muchas cualidades que procuramos como personas de fe: sacrificio, lealtad, fidelidad…y yo agregaría, unidad. 

 Puede parecer, cuando analizamos los acontecimientos que ocurren en nuestro mundo, nuestro país e incluso en algunas de nuestras comunidades, que esa unidad es cada día más difícil de alcanzar. Vemos más conflicto, más división en la sociedad. Las diferencias de raza, género, religión, opinión política y otras distinciones se convierten en barreras para la unidad. Todas ellas influyen en la campaña para elegir a nuestro próximo presidente que, si bien está sólo en la etapa de elección primaria, ha alcanzado ya un nivel de descortesía y hostilidad sin precedentes. 

 Como personas de fe, ¿qué debemos hacer?

Por Laura López

En Cuaresma experimentamos de manera muy especial el sacrificio máximo que Cristo hizo por nosotros. Lo hizo no porque tenía que hacerlo, sino por el gran Amor que nos tiene. La espiritualidad de dar no nace de un sentido de obligación, culpabilidad o abundancia financiera, sino de un corazón agradecido que reconoce el Amor y Bondad de Dios que ha ofrecido a su Único en sacrificio por nuestra salvación. Thomas Merton dijo, “La persona agradecida sabe por experiencia que Dios es infinitamente Bueno, y eso es lo que hace toda la diferencia”. Por lo tanto, si conocemos y practicamos el valor espiritual de dar, podemos hacer una diferencia en nuestra vida y en la de los demás.

Por Laura López 

 En Cuaresma experimentamos de manera muy especial el sacrificio máximo que Cristo hizo por nosotros. Lo hizo no porque tenía que hacerlo, sino por el gran Amor que nos tiene. La espiritualidad de dar no nace de un sentido de obligación, culpabilidad o abundancia financiera, sino de un corazón agradecido que reconoce el Amor y Bondad de Dios que ha ofrecido a su Único en sacrificio por nuestra salvación. Thomas Merton dijo, “La persona agradecida sabe por experiencia que Dios es infinitamente Bueno, y eso es lo que hace toda la diferencia”. Por lo tanto, si conocemos y practicamos el valor espiritual de dar, podemos hacer una diferencia en nuestra vida y en la de los demás.

 El Papa Francisco, en referencia a la multiplicación de los panes en el Evangelio de San Juan 6,1-15, dice “respecto a los panes y los peces quisiera agregar un matiz: no se multiplicaron, no, no es verdad. Simplemente los panes no se acabaron, como no se acabó la harina y el aceite de la viuda. No se acabaron. Cuando uno dice multiplicar puede confundirse y creer que hace magia, no, no, no; simplemente es tal la Grandeza de Dios y del amor que puso en nuestros corazones, que si queremos, lo que tenemos no se acaba” (Audiencia General, mayo 16, 2013). La espiritualidad de dar es contagiosa, cuando el niño compartió el pan, otros empezaron a dar lo que traían. Un discípulo corresponsable da el primer paso, y al hacerlo, es ejemplo para otros. ¿Nunca has pensado que si pones a Dios como prioridad, todo lo que tienes y compartes nunca se acabará, sino que se multiplicará?

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