Maria CovarrubiasComo Católicos Romanos, “creemos que estamos unidos a nuestra comunidad por la historia del Misterio Pascual, el cual es la vida, muerte y resurrección de Jesús”. El Misterio Pascual es el punto de enfoque de nuestra fe. El Misterio Pascual nos define, forma y sana como comunidad de fe. Celebramos esto cada vez que nos reunimos como una comunidad de fe la celebración Eucarística. El Misterio Pascual sucede porque Dios escoge ser uno de nosotros tomando nuestra condición humana para tomar parte de nuestra vida diaria. Su encarnación nos une a su vida, muerte y resurrección. Este misterio celebra el gran amor que Dios tiene por nosotros. ¡Esta es una historia increíble de amor! 

¿Cómo viven los esposos y esposas el Misterio Pascual? Las parejas casadas están llamadas a amar, a sacrificarse el uno por el otro, a servirse mutuamente, a esperar en el tiempo de oscuridad y a creer en la posibilidad de la alegría y la felicidad. Los esposos y esposas reciben del Sacramento del Matrimonio el regalo y la responsabilidad de traducir en su vivir diario la santificación que se le imparte. Este sacramento les confiere la gracia y la obligación moral de transformar sus vidas. El Misterio Pascual está presente en la vida diaria de la pareja durante el sufrimiento, muerte y resurrección de los problemas diarios. 

Una de las primeras tareas que una pareja casada tiene durante los primeros años de matrimonio es la de crear su propia historia. ¡Esta es una tarea difícil! Muchas veces durante su caminar juntos, las parejas experimentan sufrimiento, mueren a sus propios deseos y expectativas para elevarse a un nuevo horizonte en el que el amor y el sacrificio están presentes como un camino a la santificación. Los esposos son entonces, un recordatorio permanente en la Iglesia de lo que sucede en la cruz; ellos son el uno para el otro y para sus hijos ejemplo de la salvación en la cual el sacramento los hace participes. 

San Pablo nos dice en Efesios 5, 25-33: 

“Maridos, amen a sus esposas como Cristo amo a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella. Y después de bañarla en el agua y la palabra para purificarla, la hizo santa, pues quería darse a sí mismo una Iglesia radiante, sin mancha no arruga no nada parecido, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus esposas como aman a sus propios cuerpos: amar a la esposa es amarse a sí mismo. Y nadie aborrece su cuerpo, al contrario, lo alimenta y lo cuida. Eso es justamente lo que Cristo hace por la Iglesia, pues nosotros somos parte de su cuerpo. La escritura dice: Por eso dejara el hombre a su padre y madre para unirse con su esposa y los dos formaran un solo ser. ¡Es este un misterio muy grande! 

Reflexión: 

¿Cómo es la experiencia Católica del matrimonio sacramental diferente de la que tiene el mundo? 

¿Qué fue lo que más me sorprendió de este artículo y por qué? 


  • Maria G. Covarrubias es la Directora de la Oficina del Ministerio para la Catequesis de la Diócesis de San Bernardino.

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