Por El Padre Francisco Javier Varela
La cuaresma es un tiempo de preparación para celebrar el misterio central de nuestra fe: la pasión, muerte y sobre todo resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, por eso es necesario caminarlo muy cerca de Él, como discípulos que vamos aprendiendo de Él.
La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma a través de prácticas concretas. Como su nombre lo indica, son prácticas: deben realizarse activamente, no solo repetirse o asumirse como conocidas. Una buena comprensión de estas prácticas ayuda a aplicarlas en la vida diaria, y compartirlas en familia fortalece este aprendizaje, especialmente para padres, jóvenes o niños en catequesis, preparándose para los sacramentos. No hay que olvidar que la Iglesia siempre ha considerado el hogar como una Iglesia doméstica.
Las prácticas fundamentales: oración, ayuno y caridad
Estas tres prácticas nos conectan con Dios, con nosotros mismos y con los demás.
Oración nos pone en contacto directo con Dios. En cuaresma ha de ser una oración de más escucha al plan de Dios para nuestra vida, tratando de seguir sus mandatos y aprender de Cristo, que camina con determinación a Jerusalén, donde será enjuiciado y tomará la cruz, también con la oración caminar y no huir de la cruz concreta en nuestra vida. Sin cruz no hay resurrección, siempre hay que recordarlo. Hay que pensar que la oración más sublime empieza en realidad cuando estamos más dispuestos no a pedirle que Él haga algo por nosotros, sino la pregunta: Señor, ¿Qué quieres que haga yo en este momento en mi vida?, ¿cuál es tu plan para mí?
Se puede aprovechar la cuaresma en familia para orar extraordinariamente, hacer el viacrucis, orar ates de comer, antes de dormir o al regresar todos a casa y sobre todo ir a la Santa Misa y actividades propias de cuaresma.
Ayuno nos pone en contacto con nosotros mismos. Es una práctica que nos permite controlar el cuerpo con algo que es bueno, como comer. Al abstenerse de alimentos por ayuno o de gustos o antojos, se fortalece la voluntad, porque si somos capaces de decirle “no” a algo que es bueno para el cuerpo, por puro ofrecimiento, seremos capaces de decir “no” en lo que puede ser pecaminoso. Además, el ayuno nos permite ahorrar en lo que nos corresponde para compartir con los demás.
En familia es muy importante ayudarse a vivir esta práctica, recordando los días que corresponde y no poniendo tentaciones o antojos a los demás.
Limosna o caridad nos pone en contacto con los demás, porque el que se relaciona bien con Dios por la oración y consigo mismo por el ayuno o sacrificio, estará mucho más dispuesto y paciente a ayudar a los demás. Si la oración y el ayuno no nos llevan a ser caritativos y serviciales, entonces no lo estamos haciendo bien. La caridad nos permite compartir lo mejor de nosotros, sensibilizarnos ante las necesidades de los hermanos. A veces es la práctica que se nos facilita más, pero hay que recordar que las tres deben estar juntas y a las tres se les debe dar el mismo valor, porque si no, no hay un crecimiento espiritual armonioso.
Se puede aprovechar en familia para salir a las calles a hacer obras de caridad, especialmente a otras familias necesitadas, compartir alimentos, ropa o ayudar con medicinas u otras necesidades que tantas familias, muy cercanas a nosotros tienen.
Que mensaje de esperanza y renovación para compartir con las familias
Indudablemente la cuaresma es un tiempo para empezar de nuevo. Todos necesitamos una segunda oportunidad. En familia la renovación y el perdón siempre son necesarios, porque no somos perfectos, solo Dios es perfecto, estamos en camino, en proceso. No hay una madre perfecta, un padre perfecto, unos hijos perfectos, todo esto se alcanzará hasta el cielo, pero la cuaresma es un tiempo para acercarnos más a Dios con una actitud de perdón y arrepentimiento.
Solo si somos capaces de aceptar el perdón de Dios de todo corazón tendremos capacidad de perdonar a los demás. La humildad, para perdonar y pedir perdón es necesaria en familia. Se puede aprovechar desde el miércoles de ceniza, o en el retiro parroquial de cuaresma o los actos penitenciales. La reconciliación siempre nos da nuevas fuerzas y nos abre a la esperanza en que podemos ser mejores y que los demás también lo pueden ser y que no caminamos solos como familia.
Este año el papa León nos sorprende al pedirnos en cuaresma tener una buena capacidad de escucha. Esto es muy recomendable en familia. Primero estar atentos y abiertos a escuchar la Palabra de Dios, que es la fuente de toda sabiduría, pero también estar atentos a escuchar en familia. La comunicación es vital, cada vez más vital en las familias. No debe reinar el silencio, la indiferencia, el activismo desenfrenado y estresante, las distracciones de las redes sociales o de los aparatos electrónicos por encima del dialogo en la familia. Se podría aprovechar la cuaresma para dedicar tiempo de calidad en familia, tiempo para hablar, tiempo para escuchar.
También el papa nos invita a abstenernos de usar palabras que hieren o lastiman a los demás. Qué importante es en familia no herir, ni con palabras, sino hablarse bien. A Dios también le debemos hablar bien, con amor y respeto. Basta de dirigirnos a Dios con reclamos o corajes o tratando de chantajearlo ofreciendo algo a cambio. El que habla con Dios amorosamente puede hablar amorosamente a los demás y la cuaresma es un tiempo oportuno para hacerlo.
Que la bendición de Dios nos acompañe y la virgen nos ayude a vivir bien la cuaresma y ayudemos a los demás a vivirla, especialmente en familia y en la parroquia.
El Rvdo. Francisco J. Varela Delgadillo, C.O.R.C., es el Administrador de la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada en San Bernardino.