Seamos artesanos de paz, como san Francisco


Queridos hermanos y hermanas en Cristo, ¡espero que su camino cuaresmal haya estado lleno de bendiciones hasta ahora! Tengan la certeza de mis oraciones por ustedes y sus respectivas familias en el transcurso de este tiempo sagrado, que espero los acerque más a Dios en sus oraciones y los prepare para celebrar la alegría de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo en la Pascua.


En esta Cuaresma celebramos también, en toda la Iglesia Universal, el Año Jubilar de San Francisco de Asís. Recién cerramos un Año Jubilar en nuestra Iglesia que nos trajo muchas bendiciones y oportunidades espirituales para nuestro caminar de fe, y ahora tenemos otro. Conmemoramos el octavo centenario de la muerte de este gran santo de nuestra Iglesia, muy conocido por sus numerosas virtudes y disciplinas espirituales, como la atención a los pobres, el cuidado de la creación de Dios (¡es importante destacar la relación entre ambas!) y la evangelización («repara mi Iglesia», le pidió el Señor). También lo conocemos como un hombre de paz. La hermosa oración de san Francisco que recitamos (y a veces cantamos) comienza diciendo: «Señor, hazme un instrumento de tu paz…». Esta oración debería estar en labios de todos nosotros en estos momentos difíciles por los que pasan nuestras comunidades, nuestra nación y nuestro mundo


Tenemos guerras o amenazas de guerra en Oriente Medio, Sudamérica y Europa Oriental, persecución violenta en contra de los cristianos en África, partidismo político sin precedentes y conflictos en todo el país, y, por supuesto, las tensiones y la violencia en torno a las tácticas de las autoridades migratorias federales que siguen violando la dignidad humana de tantos hermanos y hermanas. Estos acontecimientos pueden suscitar en nosotros ansiedad, frustración, ira y tristeza. Quizás sintamos la necesidad de escoger un bando y sumarnos al conflicto. Pero para nosotros, los cristianos católicos, hay un camino diferente: el camino de ser artesanos de paz, como san Francisco.


¿Cuál es nuestra propuesta? Volvamos a la oración de san Francisco.


Donde haya odio, sembrar amor
Donde haya injuria, perdón
Donde haya duda, fe
Donde haya desesperación, esperanza
Donde haya oscuridad, luz
Donde haya tristeza, gozo


En nuestra vida cotidiana, seguramente hay muchos momentos en los que podemos vivir esta oración, viéndonos unos a otros como hijos de Dios en lugar de caer en el pecado del conflicto y de la violencia.


Qué hermoso es que tengamos estos grandes santos de nuestra Iglesia, como San Francisco de Asís, que nos dan mensajes tan sencillos y poderosos que, incluso después de ocho siglos, pueden guiarnos en la oscuridad de nuestros propios tiempos.


«San Francisco de Asís, ruega por nosotros».