Por Sandra Pérez-Ramírez


La Cuaresma es un tiempo especial para los católicos: un período de 40 días que recuerda tanto los años que los israelitas caminaron hacia la Tierra Prometida como los 40 días que Jesús pasó en el desierto antes de iniciar su ministerio. De acuerdo con el Rev. Jude L. Durairaj, H.G.N., Vicario Parroquial de la Iglesia de San Adelaida en Highland, este tiempo nos llama al arrepentimiento, la oración, el ayuno y la limosna, disciplinas que fortalecen nuestra relación con Dios y nos ayudan a acercarnos a los demás.


“La Cuaresma es un tiempo de esperanza. Profundizamos nuestra relación con Cristo y miramos su crucifixión, muerte y resurrección para superar la oscuridad que nos puede hacer sufrir o desesperar”, explica El Padre Jude. La imposición de la ceniza nos recuerda examinar nuestra vida, reflexionar sobre nuestras acciones y hacer cambios necesarios para crecer en santidad.


La oración es el primer pilar para vivir la Cuaresma con esperanza. “La oración nos une a Dios y nos da consuelo. Como decía San Pío de Pietrelcina: ‘Ora, espera y no te preocupes’”, comenta Fr. Jude. Además de las oraciones tradicionales, recomienda meditar en la Palabra de Dios para renovar nuestra vida espiritual: “Gozosos en la esperanza, sufridos en la tribulación, constantes en la oración” (Rom 12:12); “Que el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz… para que abundéis en esperanza” (Rom 15:13); “Mantengamos firme la confesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que hizo la promesa” (Heb 10:23).


El ayuno también tiene un papel importante. “Nos ayuda a controlar nuestros deseos y a vivir sacrificios en honor a Cristo. Podemos reducir dulces, bebidas azucaradas o comidas procesadas, y usar esos recursos para ayudar a quienes más lo necesitan. Incluso reemplazar tiempo frente a pantallas por paseos familiares fortalece la unión en el hogar”, señala Fr. Jude.


Por su parte, la limosna nos invita a dar con amor y esperanza. “No es cuánto damos, sino cuánto amor ponemos en dar”, recuerda Fr. Jude, citando Santa Teresa de Calcuta. Esto incluye ofrecer tiempo y ayuda práctica, participar en actividades parroquiales, visitar enfermos y enviar palabras de gratitud a familiares y amigos.


Además, el sacerdote comparte las enseñanzas del Papa Francisco para practicar pequeños ayunos diarios: ayunar de palabras hirientes y decir palabras amables; ayunar de tristeza y cultivar gratitud; ayunar de pesimismo y llenarse de esperanza; ayunar de rencores y reconciliarse.


Esta Cuaresma, concluye Fr. Jude Durairaj, es una oportunidad para ser más compasivos, comprensivos y fieles, fortaleciendo la fe, la esperanza y el amor en nuestras familias y comunidades.